Estas Hadas se descubrieron atrabes de 5 fotografias tomadas por Elsie Wright y Frances Griffiths, dos jóvenes primas que vivían en Cottingley, cerca de Bradford, Inglaterra. Estas imágenes plasmaron actividades con supuestas hadas. En 1917, cuando se tomaron las dos primeras fotos, Elsie contaba con 16 años y Frances, 10. En 1981 las dos mujeres admitieron haber falsificado todas las fotografías excepto una, pero insistieron en que realmente habían visto las hadas.
Pero esta aventura de falsificación inicio con Elsie, quien era la hija de Arthur Wright, uno de los primeros ingenieros eléctricos cualificados. Tomó la cámara de su padre (una cámara Butcher Midg No. 1 Magazine Type Falling Plate 1/4) e hizo fotos en el arroyo que corría detrás de la casa familiar. Al revelar las placas el señor Wright vio hadas en las fotografías y las consideró falsas. Cuando vio la segunda fotografía, prohibió a Elsie usar la cámara de nuevo. En cambio, su madre estaba convencida de su autenticidad.
La primera fotografía fue tomada por las chicas en el Arroyo Cottingley y muestra a Frances mirando a la cámara mientras un grupo de hadas baila en una ramas en primer plano. Algunos fotógrafos de la época examinaron las fotos y las declararon verdaderas, pero los laboratorios Kodak se negaron a autentificarlas, alegando que había muchas maneras de falsificarlas.
Esta se mandó en su forma original a Edward L. Gardener, en una carta junto con la segunda foto. Sin embargo, como las imágenes estaban relativamente desvaídas y poco definidas, Gardner le encomendó a Harold Snelling nuevos y mejores revelados, en una cantidad suficiente como para satisfacer al público, ya que el interés de los fotógrafos crecía cada vez más.
En 1918, una semana antes del fin de la Primera Guerra Mundial, Frances mandó una carta a Johanna Parvin, una amiga de Cape Town, Sudafrica, donde había vivido la mayor parte de su vida. La carta tiene fecha del 9 de noviembre de 1918:
Querida Joe, espero que estés bien. Escribí una carta anteriormente, pero la perdí o se me extravió. ¿Juegas con Elsie y Nora Biddles? Ahora estoy aprendiendo francés, geometría, cocina y álgebra en la escuela. Papá volvió de Francia la semana pasada después de estar allí diez meses, y todos pensamos que la guerra se acabará en unos pocos días. Vamos a colgar nuestras banderas en nuestra habitación. Te envío dos fotos, ambas mias, una en la que estoy en bañador en el arroyo de nuestro patio trasero, que tomó el Tío Arthur, mientras que la otra soy yo con varias hadas en el arroyo, que tomó Elsie. Rosebud está tan gorda como siempre y le he hecho alguna ropa nueva. ¿Cómo están Teddy y Dolly? Elsie y yo somos muy amigas de las hadas del arroyo. En el reverso de la fotografía, Frances escribió: Es curioso que nunca las vi en África. Debe hacer demasiado calor allí para ellas.
El asunto se hizo público por primera vez en el verano de 1919, cuando Polly Wright fue a una reunión de la Sociedad Teosófica de Bradford. Estaba interesada en el ocultismo y había tenido varias experiencias de proyecciones astrales y recuerdos de sus vidas anteriores. La conferencia de esa noche era sobre “la vida de las hadas”, y Polly le mencionó a las personas que estaban sentadas a su lado que su hija y su sobrina habían tomado fotografías de hadas. El asunto de esta conversación llegó a los oídos de los teosofistas en la conferencia que se celebró en Harrogate ese otoño y más tarde al líder teosofista, Edward Gardner, a principios de 1920.
El impulso inmediato de Gardner después de ver las fotografías de las hadas fue el creer que eran genuinas. Cuatro años más tarde, el 25 de noviembre de 1922, la carta que Frances escribió a Johanna Parvin fue descubierta y publicada en el Cape Town Argus en un artículo llamado "El pueblo de Cape se une a la controversia mundial", encendiendo una vez más la curiosidad pública.

Las fotografías de las hadas de Cottingley provocaron acalorados debates. Para Sir Arthur Conan Doyle fueron la prueba tan esperada de la existencia de espíritus, pero para mucha gente eran sólo unas audaces falsificaciones. En las vacaciones de verano de 1920, Frances Griffith viajó en tren desde Scarborough, adonde se había ido a vivir con sus padres tras la Primera Guerra Mundial, hasta Cottingley. Su tía Polly le había escrito para decirle que Edward Gardner viajaría hasta allí desde Londres con cámaras nuevas, para que las primas pudieran tener otra oportunidad de tomar más fotografías de hadas y añadirlas a las dos que tomaron en 1917.
Edward Gardner trajo con él dos cámaras y dos docenas de placas fotográficas secretamente marcadas. Describió el encuentro con las chicas en su libro Hadas, un libro sobre hadas reales publicado en 1945:
Me marché a Cottingley de nuevo, llevando conmigo dos cámaras y placas desde Londres, y me reuní con la familia y les expliqué a las chicas el mecanismo simple de las cámaras, dándole una a cada una. Las cámaras estaban cargadas, y mi consejo final fue que tenían que ir a la cañada sólo en los días soleados, como se habáin acostumbrado a hacer anteriormente, y seducir a las hadas, como llaman ellas a su modo de atraerlas, y ver lo que pueden conseguir. Sugerí solamente las precauciones más obvias y fáciles sobre iluminación y distancia, ya que sabía que era esencial que se sintieran libres y sin estorbos y no tuvieran ninguna carga de responsabilidad. Si nada salía de todo esto, no debían preocuparse en absoluto.
En una carta que Polly le escribió a Gardner, le describió los eventos del jueves 19 de agosto de 1920:
La mañana estaba gris y brumosa, así que no hicieron ninguna fotografía hasta después de la cena, cuando la bruma se había levantado y estaba soleado. Fui a casa de mi hermana a tomar el té y las dejé con sus cosas. Cuando regresé sólo habían conseguido dos con hadas; yo estaba decepcionada.
Fueron de nuevo la tarde del sábado e hicieron varias fotografías pero sólo había una en la que aparecía algo y es extraña, no sabemos qué es. Elsie puso las placas esta vez y Arthur las reveló al día siguiente. P.D: No consiguió una volando después de todo.
Así que las placas fueron devueltas a Londres. Elsie recuerda el cuidado con el que su padre las empaquetó con algodones, al que el todo el asunto había dejado perplejo. Nunca lo entendió, y decayó la estima que le tenía a Conan Doyle. Antes, cuando el escritor había mostrado interés en las hadas, Arthur le había tenido en gran consideración; más tarde encontró difícil de creer que un hombre tan inteligente pudiera ser embaucado por “nuestra Elsie, ¡y ella que es la última de la clase!”. Pero mientras Arthur no pudo llegar a creer en las hadas, Polly, como sugiere el tono de la carta, apoyaba a su hija y creía en la existencia de espíritus de la naturaleza.
Gardner estaba eufórico al recibir las placas secretamente marcadas que llevaban las fotografías de las hadas, y le mandó telegramas a Conan Doyle, que seguía en la gira australiana de conferencias. Conan Doyle le contestó:
Mi corazón se alegró cuando aquí en la lejana Australia recibí tu nota y las tres maravillosas fotografías que son la confirmación de nuestros resultados publicados. Cuando se acepten nuestras hadas, otros fenómenos psíquicos encontrarán una aceptación más fácil... Tuvimos continuos mensajes en nuestras sesiones de espiritismo de que un signo visible está aproximándose....
Tanto Conan Doyle como Edward Gardner estuvieron interesados en principio en extender sus propias ideas sobre lo que consideraban lejos de la recepción del público. Conan Doyle vio el incidente de las hadas de Cottingley como un (quizás literalmente) regalo de los dioses, pavimentando el camino de verdades más profundas que se convertirían gradualmente en aceptables en un mundo materialista. Usó las tres últimas fotografías para ilustrar un segundo artículo para el Strand Magazine en 1921. Describía otros avistamientos de hadas y sirvió como base para su posterior libro La llegada de las Hadas, publicado en 1922.

Las reacciones a las nuevas fotografías de las hadas fueron, al igual que antes, variadas. Las críticas más comunes fueron que las hadas eran sospechosamente parecidas a las que tradicionalmente aparecían en los cuentos de niños y que tenían peinados muy a la moda. También se apuntó que las fotografías estaban especialmente bien definidas, como si algún experto fotógrafo las hubiera mejorado.
Sin embargo, algunas figuras públicas fueron simpatizantes. Margaret McMillan, una reformadora educacional y social, dijo:
Qué maravilloso es que a estas queridas niñas se les haya concedido un don tan maravilloso.
El novelista Henry de Vere Stacpoole decidió tomar en serio a las fotografías y a las niñas. Aceptó que las niñas y las fotografías eran genuinas. En una carta a Gardner dijo:
Mira la cara de Alice. Mira la cara de Iris. Hay una cosa extraordinaria llamada VERDAD que tiene 10 millones de rostros y formas -es la moneda de Dios y ni el más astuto acuñador o falsificador puede imitarla…
Los alias 'Alice' e 'Iris' que Conan Doyle usó por primera vez para proteger el anonimato de las niñas fueron preservados deliberadamente por Stacpoole.
La quinta y última de las fotografías de las hadas se considera a menudo la más sorprendente. Conan Doyle incluyó en su libro La llegada de las Hadas una detallada descripción de la imagen:
Sentada en el lado superior izquierdo con las alas desplegadas hay un hada descubierta aparentemente considerando si es hora de levantarse. Una madrugadora de mayor edad se ve a la derecha dotada de un pelo abundante y una alas magníficas. Su cuerpo ligeramente denso se puede alcanzar a ver dentro de su traje de hada.
En agosto de 1921, se hizo una última expedición a Cottingley. Esta vez se trajo al clarividente Geoffrey Holdson para verificar cualquier avistamiento de hadas. Las hadas no fueron fotografiadas a pesar de que se informó de que fueron vistas tanto por Elsie como por Hodson. Pero para entonces tanto Elsie como Frances estaban cansadas del asunto de las hadas. Muchos años más tarde Elsie miró una fotografía tomada por Hodson en la que salían ambas y dijo:
¡Mira esto, hartas de las hadas!
Tanto Elsie como Frances estuvieron de acuerdo en que le siguieron la corriente a Hodson hasta extremos a veces ridículos.
En 1981, en una entrevista realizada por Joe Cooper para la revista The Unexplained,1 las primas declararon que las fotografías eran falsas; habían sujetado recortes con alfileres de sombrero. Frances, sin embargo, siguió manteniendo hasta su muerte en julio de 1986 que habían visto hadas y que la quinta fotografía, que mostraba a las hadas tomando el sol, era verdadera.2
En una entrevista televisiva realizada en 1982 Elsie Wright declaró que habían estado demasiado avergonzadas para admitir la verdad después de engañar al autor de Sherlock Holmes.
Dos chicas pueblerinas y un hombre brillante como Conan Doyle, bueno, sólo podíamos mantenerlo en secreto.
En la misma entrevista declararon:
Nunca pensé que fuera un fraude -sólo eramos Elsie y yo divirtiéndonos un poco y a día de hoy no puedo entender cómo les pudimos engañar – querían que les engañáramos.
En esta entrevista no dijeron que ninguna de las fotografías fuera verdadera, aunque Frances mantuvo que había habido hadas en el jardín.
¿Seria un juego de niñas o realmente existieron?
Lo que sabemos es que en el mundo de la fantasía todo puede pasar, el sentido de esto es creer